DATOS DEL CONCIERTO
Artista: Sidecars
Fecha: 13 de junio de 2026
Lugar: Razzmatazz 1 (Barcelona)
Festival: Guitar BCN 2026
Gira: Presentación Everest
Crónica y fotografías y material gráfico: Eva Ortiz
Sidecars volvió a Razzmatazz dentro del Guitar BCN 2026 con una noche de intensidad creciente y una sala abarrotada. Entre nuevas canciones, clásicos coreados y una reivindicación del camino recorrido “picando piedra”, la banda firmó uno de esos conciertos que se construyen más desde la complicidad que desde el artificio.
Sidecars volvió este sábado a Barcelona dentro de la programación del Banco Mediolanum Guitar BCN 2026 con una mezcla de vértigo, oficio y emoción. Hacía más de tres años que la banda no pisaba Razzmatazz y Juancho lo confesó sin rodeos: antes de salir estaba nervioso. La sensación duró poco. A medida que avanzó la noche, el concierto fue encontrando su temperatura y la sala hizo el resto.
La cita llegaba con el cartel rozando el lleno: faltaron pocas entradas para colgar el sold out, pero Razzmatazz estaba abarrotada, con la pista levantada desde los primeros acordes y un público dispuesto a cantar sin pausa. El concierto arrancó con unos diez minutos de margen sobre la hora prevista, dentro de esos minutos de cortesía que en una noche así apenas pesan.
Sidecars no salió a quemarlo todo de golpe, sino a construir el concierto por capas. Primero asentó el pulso, después fue abriendo la emoción y, poco a poco, la sala entró en ese punto en el que las canciones dejan de pertenecer solo al escenario.

Juancho, Gerbass y Ruly llegaban con Everest, su octavo álbum publicado, un trabajo que la propia banda plantea más como una reivindicación del camino que como una obsesión por alcanzar la cima. Juancho habló también de ese recorrido sin atajos, de disfrutar del proceso de ir “picando piedra”. Una forma de entender la carrera que conectó con el espíritu del disco y con una noche construida desde el contacto constante con el público.

El arranque miró de frente al nuevo material, con canciones como “Ahora”, “La tormenta”, “Sin conexión”, “El momento exacto” o “Everest”, ya integradas en el directo de la gira. Las nuevas canciones se movieron entre el rock de pulso firme y los medios tiempos más emocionales, de la energía de “Lo que queda” a la sensibilidad de “A cámara lenta” o “Hasta que cierro los ojos”.
A medida que avanzaba la noche, Sidecars se fue soltando. Juancho tuvo un recuerdo especial para una comunidad que ha ido creciendo con la banda: los que están desde el principio, los que se sumaron más tarde y los recién llegados. También agradeció al público el esfuerzo que supone comprar una entrada para un concierto, un gesto que sonó especialmente honesto.

En ese punto, “Fan de ti”, “180 grados” o “Caballos salvajes” funcionaron como puntos de unión entre generaciones de oyentes, con toda la sala cantando como si en cada canción hubiera llegado en el momento exacto.
Hubo también espacio para mirar hacia quienes no siempre aparecen en la foto. Juancho quiso subrayar el trabajo del equipo técnico y de producción, recordando el esfuerzo logístico que hay detrás de una gira de estas dimensiones. Contó además que, poco antes de salir al escenario, se había enterado en el backstage de que una de las personas de su equipo había trabajado durante cinco años en Razzmatazz, con bandas de primer nivel. Lo dijo con orgullo, como quien sabe que no solo está bien acompañado, sino que está acompañado de los mejores.
Casi 20 años sobre los escenarios se notan en cada acorde: Sidecars no necesita grandes artificios para sostener una sala como Razzmatazz. Juancho llevó el peso emocional del concierto desde la voz y la guitarra, Gerbass sostuvo el cuerpo de las canciones desde el bajo y Ruly marcó el pulso con una batería firme. A su alrededor, la banda de directo terminó de dar volumen y textura a las canciones: Sergio Valdehita desde los teclados, Álvaro Cuberris reforzando el músculo eléctrico del repertorio y Ramiro Nieto alternando guitarra acústica y percusión.
Más que una noche de presentación, lo de ayer fue una celebración de recorrido compartido: el de una banda que ha crecido sin romper ese hilo rojo que la une con su público, y el de unos fans que han ido llegando en distintas etapas, pero que ayer cantaron y saltaron desde el mismo lugar.

Anoche, en Razzmatazz, Sidecars no necesitó colgar oficialmente el sold out para que la sala sonara a lleno absoluto. Bastaba mirar hacia la pista —brazos arriba, móviles encendidos y una energía que subía desde los pies, para entender que Barcelona no solo acompañó: empujó. La banda se marchó de la ciudad con la vista puesta en Córdoba y Albacete, próximas paradas de la gira, pero lo vivido en Razzmatazz tuvo entidad propia. Una de esas noches que confirman que Sidecars sigue creciendo con la calma de quien sabe que el camino también cuenta.


